miércoles 25 de noviembre de 2009

GRANDE LISBOA









Después de tantos años
continúas persiguiendo la belleza.
Pasas horas y horas en manos de alguien
que no la alcanzará jamás.
Pretendes a toda costa una porción diminuta de belleza.
En el tambaleante soniquete del reloj despertador
no aparece.
Se marchita en la ducha apresurada,
en el atasco matutino,
en la compañía inexacta.
Sobrevives obstinada en atisbar los pasos
pero ella sigue siendo mucho más veloz
y no piensa detenerse en grotescas ceremonias sociales,
en somníferas juntas de comunidad de propietarios
de la nada.
La belleza no pertenece a nadie y por ese motivo llora
a lágrima finada en las cenas de empresa,
en los cumpleaños infelices,
mientras tú apuestas la vida
a cambio de retenerla
tan sólo un instante
en el casino insomne de tu almohada,
perdiendo tu pelo,
despintada en tus labios.
Todavía no descubriste que siempre
se ausenta en navidad
y no pide permiso para emborracharse en la mesa
cuando aparece la paella de los domingos,
el muestreo completo de preguntas retóricas.
A estas alturas crees a muerte en la belleza inmortal,
por eso no desfalleces tras su rastro
y planeas viajes de atractivo planeado.
Mas deberías saber,
para tu información,
que la belleza nunca sucumbirá
porque nunca llegó
siquiera
a nacer.
No deseó instalarse en una fría habitación de hospital
bajo la atenta mirada
de otros resignados buscadores
de belleza.
Y prefirió la eterna permanencia en el recuerdo
de quienes
alguna vez,
en el estrangulado garabato de un niño,
creyeron adivinarla.

Inédito


jueves 19 de noviembre de 2009

AMO







viernes 13 de noviembre de 2009

TENGO UNA CITA (V)















-Papá, ¿por qué llevas gafas?
-Porque tengo miopía.
-¿Tienes tu opía?

viernes 6 de noviembre de 2009

A VUELTAS CON LOS BURROS






























CLÁSICO PRESCINDIDO


En una tranquila y cálida tarde-noche del ya funesto mes de agosto, paseando en grata concomitancia sin rumbo fijo por las calles del centro de Almería, atravesamos Nicolás Salmerón, rodeamos la Fuente de los Peces, subimos por la Calle Real, tomamos Trajano... para acabar desembocando -de bruces- en una de las cuatro o cinco ilustres plazas capitalinas trazadas sentimentalmente en mi cabeza. De ahora en adelante sólo en mi cabeza. Tras unos instantes de puro desconcierto, les juro que mi primer impulso fue alzar la vista, asombrado, en busca de la placa denominativa suspensa en la fachada más próxima. Pero no, nuestros lindos cuerpos no habían sufrido telequinesia en su azaroso deambular vespertino. Efectivamente, nos encontrábamos en la Plaza Marqués de Heredia, más conocida como Plaza de los Burros, o lo que quedaba de ella, que ya no era otra cosa sino el apelativo. La habían vuelto a liar. Sí, la historia, como no podía se de otra manera, se repetía. Se habían cargado, a su antojo y de un plumazo -de escavadora-, otro de los menguados reductos culturales que quedaba en el casco histérico almeriense. Qué manera de joderme la tarde, el día, agosto, la ciudad.
Lamentable. Indignante. Triste.
Las características pérgolas envueltas en vegetación trepadora, los ejes laterales profusamente ajardinados, los azulejos engalanando bancos y fuente... Todo había desaparecido y en su lugar, frente a nosotros, la nada en granito gris con perecederas franjas del mejor césped receptor de mierdas de perro y asolación juvenil, una fuente(cita) poco vistosa pero –lo más importante- ultramoderna y los inevitables bancos de “diseño”.
Diáfana, impersonal, sin identidad pero, como leí con posterioridad a alguna avezada autoridad, “modernista”. Y como ustedes ya sabrán para que una plaza sea “modernista” pues no debe albergar más sombra que la de los toldos de las terrazas que, al fin al cabo, serán los que contribuyan con sus impuestos de veladores al mantenimiento de tan conspicuo placicidio. Quien quiera sombra que apoquine unos cuantos euros por una jodida caña, en algunos casos tirada y servida de mala manera –pero ése ya es otro cantar-.
¿Por qué? ¿Por qué esa manía de confundir lo antiguo con lo viejo, de difuminar los límites entre lo moderno y lo paleto?
“Modernista”. ¿Pero, por dónde coño asoma el modernismo en esta obra? ¿Es un resto de serie de Guimard, de Horta, u Olbrich, acaso? ¿O es que albergamos un nuevo y revolucionario Gaudí en Almería y yo sin enterarme? ¿Estaremos ante el nuevo Parque Güell del sureste peninsular?
Desconsolador. Deplorable.
¿Para cuándo la tipificación como delito de la destrucción arbitraria de espacios públicos con apreciable valor urbanístico? Espacios como éste cuya configuración inicial databa de mediados del siglo diecinueve, fruto de la demolición -cómo no- de los últimos vestigios fortificados en la zona.
Pues nada, otro clásico imprescindible del que se prescinde alegremente; otra obra que se une a la innumerable colección de desastres arquitectónicos autóctonos junto a la Plaza de la Catedral – glorieta que ostenta el dudoso honor de ser una de las más insustanciales en su género, parche del Obispado incluido- o al edificio de fachada semicircular -cuyo nombre afortunadamente desconozco- que preside la Puerta Purchena (por citar sólo un par de ejemplos significativos).
¿Pero alguien ha oído hablar alguna vez de la armonía arquitectónica? ¿De los efectos nocivos de la búsqueda del funcionalismo puro y duro en el ámbito urbano? ¿De los límites del diseño como herramienta generadora de identidad cívica? Está claro que quienes manejan las decisiones en nuestro espacio presente y futuro, no. A ellos les lanzo, de forma furiosa y vehemente, el manual indispensable de este mes -no, no me olvidé de que estoy en la sección de libros-: ‘La plaza en la arquitectura contemporánea’ (1995) de Paolo Favole.
Condenándoles a una lectura reflexiva, de cara a la pared y las orejas de burro; que a este ritmo devastador voy a terminar paseando acojonado por las inmediaciones de la mismísima Alcazaba, ante la temible sorpresa que me depare la ocurrencia de algún iluminado urbanista. Por cierto, ahora que lo pienso mejor, un poquito vieja y desfasada me está pareciendo esta edificación ¿no creen mis queridas autoridades?

Diamanda Cult
(Publicado en 'Vivir Almería', Diario Ideal. Octubre 2009)





jueves 29 de octubre de 2009

LAS MAÑANAS





Las mañanas son más luminosas
que los ayeres.
Las tardes son menos puntuales
que los prontos.
Las noches en tus ojos son
luminosas y puntuales.

Cuaderno de Nueva Literatura Almería

miércoles 21 de octubre de 2009

SUBLIME: EXCELSO, EMINENTE, DE ELEVACIÓN EXTRAORDINARIA




CLÁSICO IMPRESCINDIBLE


‘Las ninfas’ (1975) Francisco Umbral



“...y pensaba por primera vez, como luego he seguido pensando, que la literatura es el único reino donde nadie se muere nunca, donde Cervantes y Quevedo siguen vivos, donde Melibea y Madame Bovary seguirán pecando, adorables e inmortales, por los siglos de los siglos.”

Reflexiones tan hermosamente acertadas como ésta hicieron de ‘Las ninfas’ no sólo merecedora del Premio Nadal del año 75, sino que además le han otorgado el privilegio de ser considerada, treinta y cuatro después, un Clásico Imprescindible por la publicación que, tras un largo mes de ansiosa espera, sostienen ya por fin mis fieles lectores entre sus manos.
La novela fue editada en uno de los años más prolíficos de su autor, con éste sumó nada menos que siete títulos, entre ellos la elegíaca ‘Mortal y rosa’, obra magna en su trayectoria y a la que se le dedicara un merecido espacio en esta sección meses atrás. La historia parte de una premisa básica de Baudelaire: Hay que ser sublime sin interrupción. Premisa que el adolescente, proyecto de poeta, adopta como dogma en el viaje sin destino preciso que es la cultura como esencia de vida, como Astro Rey alrededor del cual giran con equidistancias insalvables las cotidianidades de la existencia ordinariamente impuesta.
Pero Baudelaire, de procedencia acomodada, al emitir su máxima no contaba con las circunstancias sociológicas e históricas de un joven de posguerra habitante del extrarradio:
Yo llevaba mis guantes amarillos en el bolsillo, pero no me atrevía a sacarlos. Casi me dieron ganas de arrojarlos a una papelera. Yo estaba haciendo el fantoche de poeta pobre, por las calles, mientras otros estudiaban de firme, calientes y en silencio, para hacer sonetos anacreónticos, que yo ni sabía lo que era eso.”
Un joven, testigo privilegiado de la impúdica traición de la realidad haciendo añicos el espejo inicial de pureza artística:
Me saludaron ambos como a un viejo y remoto conocido. No sufría por él, por ella ni por mí, sino por una abstracción cultural. Me había quedado sin modelo, sin amigo, sin profeta. Tampoco la cultura era verdad. La cultura podía ser el trámite hacia una pescadería.”
Si bien, como contrapartida agridulce, también nos ofrece los cálidos brazos del primigenio amor descubierto:
“...de aquella primera mujer que me decía silenciosamente que sí, que yo era, y me afirmaba, porque un beso es siempre una afirmación de algo, y no sé si otras muchachas me habían mirado antes, pero sólo ella, María Antonieta, me lo había dicho sin palabras, con esa palabra extraña, fuera de vocabulario, pero hija también de la boca, que es un beso, el beso.”
Para finalmente arrojarnos de forma impía desde la suprema luz afectiva hacia el grisáceo subsuelo de una época que aún hoy no tenemos del todo superada:
Un fondo sacramental, levítico y justiciero del país se levanta de tiempo en tiempo contra el amor que siempre es un escándalo para todos, como la única réplica de las mismas dimensiones que el cielo.”
Los trazos autobiográficos que caracterizan la Literatura Umbraliana se encuentran –naturalmente- incrustados en cada párrafo de ‘Las ninfas’, impregnándolos de una emotividad de espesor palpable e inequívoca. Una Literatura Umbraliana ante la que no ha tenido más remedio que rendirse, con el trascurso de los años, la idea incierta de lo sublime; entendida y redefinida hoy por mí - porque me siento asquerosamente cursi y porque me sale de los ovarios- como: arrogante cualidad innata del Escritor para juntar palabras despegando pensamientos.
Dicho queda.

Diamanda Cult
(Publicado en 'Vivir Almería', Diario Ideal. Abril 2009)







jueves 15 de octubre de 2009

TENGO UNA CITA (IV)








En la discoteca de tus ojos
quiero bailar eternamente
y estar siempre presente
en el sexo de tus sueños.

Javier Corcobado, Tu alma en mí